Se trata de una actuación preventiva que permitirá monitorizar el comportamiento del subsuelo y anticiparse a posibles movimientos del terreno que puedan afectar tanto a edificios históricos como al patrimonio de los ciudadanos.
Estos dispositivos son instrumentos fundamentales para el control geotécnico y estructural. Los extensómetros permiten medir la deformación, el desplazamiento o el alargamiento de suelos, rocas y estructuras, mientras que los piezómetros registran la presión del agua subterránea y la evolución del nivel freático, aportando información esencial para conocer el comportamiento del terreno.
La instalación responde a la necesidad de conocer con precisión los efectos que pueden producirse en épocas de sequía, cuando la Confederación Hidrográfica del Segura autoriza, si es necesario, la extracción de agua de los pozos de reserva. Estas extracciones pueden provocar un descenso del nivel freático y, como consecuencia, asientos del terreno derivados de la desecación de las bolsas de agua subterránea, con el consiguiente riesgo para edificaciones históricas y otros inmuebles situados en el casco urbano.
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